Durante siglos, la Ruta de la Seda funcionó como un puente entre civilizaciones, permitiendo el intercambio de mercancías, conocimientos, arte e ideas a través de vastos territorios de Asia Central.
Entre ciudades amuralladas, plazas monumentales, mercados históricos y paisajes moldeados por el desierto, este recorrido revela la riqueza cultural de Uzbekistán y Turkmenistán.